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Salud12 min de lectura

Alergia alimentaria en perros: por qué cambiar de saco no diagnostica nada

Los alérgenos reales no son los cereales, los test de pelo y saliva no funcionan y tres semanas de pienso nuevo no descartan nada. Cómo se diagnostica de verdad, con los plazos publicados.

Por Cuenco·

La secuencia se repite en miles de casas: el perro se rasca, alguien sugiere que será el pienso, se compra un saco «hipoalergénico sin cereales», pasan tres semanas, el picor sigue más o menos igual y se cambia otra vez. Al cabo de seis meses hay cuatro sacos probados, ninguna conclusión y un perro que lleva medio año rascándose.

El problema no es la paciencia. Es que ese método no puede funcionar: no está mirando a los alérgenos que de verdad aparecen en perro, no respeta los plazos que requiere el diagnóstico y utiliza productos cuya etiqueta, en este terreno concreto, no es fiable. Vamos por partes.

Primero: probablemente no sea la comida

El picor tiene muchas causas y la alimentaria es minoritaria. Antes de tocar el cuenco, la lista de sospechosos más frecuentes en un perro que se rasca incluye:

  • Parásitos externos, empezando por la dermatitis alérgica a la picadura de pulga, que sigue siendo una de las causas más comunes y no requiere ver pulgas para estar ocurriendo.
  • Dermatitis atópica, la alergia a alérgenos ambientales —ácaros del polvo, pólenes, hongos—, que suele empezar entre el primer y el tercer año de vida y a menudo tiene un componente estacional.
  • Infecciones secundarias por bacterias o por Malassezia, que perpetúan el picor por sí mismas.
  • Sarnas, dermatofitosis y otras causas específicas que requieren pruebas propias.

Además, y esto complica el cuadro, la reacción adversa al alimento y la atopia coexisten con frecuencia en el mismo animal. Por eso el orden correcto empieza en la consulta y no en la tienda: descartar parásitos y tratar la infección secundaria antes de plantear nada dietético.

Segundo: los alérgenos reales no son los que crees

Aquí está el dato que reordena la conversación. Una revisión sistemática publicada por Mueller, Olivry y Prélaud en BMC Veterinary Research en 2016 reunió los casos de reacción adversa cutánea al alimento confirmados en la literatura. Sobre 297 perros, la distribución de las fuentes implicadas fue esta:

Fuente alimentariaPorcentaje de los perros afectados
Ternera34 %
Lácteos17 %
Pollo15 %
Trigo13 %
Cordero5 %
Mueller RS, Olivry T, Prélaud P. Critically appraised topic on adverse food reactions of companion animals (2), BMC Veterinary Research, 2016. Un mismo perro puede reaccionar a más de una fuente.

Las tres primeras posiciones las ocupan proteínas animales. El primer cereal aparece en cuarto lugar, y por debajo del pollo. Eso significa que un pienso «sin cereales» que mantiene el pollo o la ternera tiene bastantes papeletas de no cambiar absolutamente nada, y explica por qué tantas pruebas caseras acaban en nada. El reclamo del envase está apuntando a un sitio donde el problema no suele estar; qué significa exactamente ese reclamo está en el artículo sobre el grain free.

Una precisión de vocabulario que se usa mal en todas partes: lo que se diagnostica es una reacción adversa al alimento. Dentro de ella hay mecanismos inmunológicos —la alergia propiamente dicha— y no inmunológicos —las intolerancias—. Desde fuera se parecen y el procedimiento para identificarlas es el mismo, así que la distinción importa menos de lo que sugiere la discusión habitual.

Tercero: no existe un análisis que lo diga

La demanda de un test es comprensible y el mercado la ha atendido con productos que no funcionan. Los análisis de pelo y saliva que se venden por internet han sido evaluados formalmente y el resultado fue demoledor.

En un trabajo publicado en el Journal of Small Animal Practice en 2019, Coyner y Schick enviaron muestras de un perro alérgico conocido, de un perro sano, de pelo falso y de agua. Los resultados positivos salieron repartidos de forma parecida entre todos los grupos, incluidos los controles falsos, y al reenviar las mismas muestras el laboratorio devolvió resultados distintos.

Las pruebas serológicas de IgE específica frente a alimentos tampoco sirven para este diagnóstico: sus valores de sensibilidad, especificidad y valor predictivo son insatisfactorios, y no discriminan entre perros alérgicos y perros sanos. Son útiles para otra cosa —orientar la inmunoterapia en dermatitis atópica—, no para decidir qué hay en el cuenco.

La única prueba que existe: la dieta de eliminación

Consiste en alimentar al perro durante un periodo suficiente con una dieta que no contenga ninguna de las fuentes a las que ha estado expuesto, comprobar si los signos remiten y —el paso que casi todo el mundo se salta— volver a introducir el alimento anterior para ver si reaparecen.

Cuánto tiene que durar

Aquí es donde fracasan las pruebas caseras. Un trabajo de Olivry y colaboradores publicado en BMC Veterinary Research en 2015 analizó el tiempo hasta la remisión en 209 perros con reacción adversa cutánea al alimento:

Duración de la dietaPerros en remisión
3 semanasalrededor del 50 %
5 semanasmás del 85 %
8 semanasmás del 95 %
Olivry T et al., Critically appraised topic on adverse food reactions of companion animals (1): duration of elimination diets, BMC Veterinary Research, 2015. Menos de un 5 % de los perros necesitó hasta 13 semanas.

Para diagnosticar reacciones adversas al alimento en más del 90 % de los perros y gatos, las dietas de eliminación deben durar al menos ocho semanas.

Una prueba de tres semanas, que es lo que dura la paciencia media de un dueño con un saco nuevo, deja fuera a la mitad de los perros que sí tenían el problema. No es que el pienso no funcionase: es que la prueba terminó antes de tiempo.

Cómo de estricta tiene que ser

Absolutamente. Una sola fuente de exposición mantenida invalida las ocho semanas enteras, y las fuentes olvidadas son siempre las mismas:

  • Premios y chuches, incluidos los de adiestramiento y los dentales.
  • Medicación y suplementos saborizados: muchos antiparasitarios masticables y comprimidos palatables llevan proteína de pollo o de ternera.
  • Restos de mesa, trozos de queso para dar la pastilla, sobras del guiso.
  • Pasta de dientes y juguetes rellenables con sabor.
  • El paseo: el perro que come del suelo, del cubo del parque o del cuenco del gato del vecino no está haciendo la dieta.
  • Otros animales de la casa, si comparten comedero o se roban la comida.

El paso que nadie hace: la provocación

Si al cabo de las ocho semanas el perro ha mejorado, todavía no hay diagnóstico. La mejoría puede deberse a la dieta, a la estación del año, al tratamiento de la infección secundaria que se hizo en paralelo o a la evolución natural del cuadro.

La confirmación exige reintroducir el alimento anterior y comprobar que los signos reaparecen, cosa que suele ocurrir en días. Si reaparecen, hay diagnóstico. Si no reaparecen, la comida no era la causa y se ha ahorrado el resto de la vida del perro comiendo una dieta innecesariamente restringida.

A partir de ahí se pueden introducir fuentes de una en una para identificar cuál es la responsable, empezando —según la misma revisión de 2016— por la ternera y los lácteos, que son las más probables.

Qué dieta usar, y el problema de las etiquetas

Hay dos estrategias, y no son equivalentes en fiabilidad:

  1. Proteína novel: una fuente a la que el perro no se haya expuesto nunca. El problema es que la lista de fuentes «nuevas» se ha ido agotando a medida que el mercado comercializaba conejo, pato, canguro o insecto en piensos de consumo general.
  2. Proteína hidrolizada: la proteína se fragmenta en péptidos lo bastante pequeños como para que el sistema inmune no los reconozca. No depende del historial del animal, que es su principal ventaja.

Y aquí llega el dato que explica por qué muchas dietas de eliminación bien hechas fallan igual. Una revisión de Olivry y Mueller publicada en BMC Veterinary Research en 2018 reunió los estudios que habían analizado, con PCR o ELISA, si los alimentos comerciales contenían lo que decía su etiqueta:

HallazgoRango entre estudiosMediana
Alimentos con ingredientes no declarados en la etiqueta0 % – 83 %45 %
Ídem, en productos «novel» o de ingredientes limitados33 % – 83 %—
Alimentos a los que faltaba un ingrediente declarado0 % – 38 %1 %
Olivry T, Mueller RS, Critically appraised topic on adverse food reactions of companion animals (5), BMC Veterinary Research, 2018. Datos extraídos de 17 artículos y un resumen de congreso.

Es decir: justo los productos que se venden para hacer dietas de eliminación —los de «ingrediente limitado» y «proteína novel»— fueron los que más contaminación cruzada mostraron, entre un tercio y cuatro quintas partes de los analizados según el estudio. Los autores son explícitos en que no se sabe si esa contaminación basta para desencadenar una reacción clínica, porque no se hicieron provocaciones con esos alimentos en perros alérgicos a los contaminantes. Pero para una prueba diagnóstica, la duda ya es suficientemente cara.

El mismo trabajo aporta el contrapunto: de los seis estudios que evaluaron alimentos con hidrolizados, solo uno encontró un caso de posible etiquetado incorrecto. Ese contraste es el argumento técnico a favor de las dietas hidrolizadas veterinarias cuando lo que se está haciendo es un diagnóstico, y no una preferencia comercial.

El protocolo completo, en orden

  1. Consulta veterinaria: descartar parásitos, tratar infecciones secundarias y valorar si el cuadro encaja con una reacción alimentaria.
  2. Elegir la dieta con el veterinario: hidrolizada o proteína novel real, según el historial del perro.
  3. Ocho semanas estrictas, sin premios, sin medicación saborizada, sin restos y con control en el paseo.
  4. Registrar por escrito el picor y el estado de la piel cada semana, porque la memoria suaviza las comparaciones.
  5. Si hay mejoría, provocación con el alimento anterior para confirmar.
  6. Si se confirma, introducir fuentes de una en una para identificar la responsable y construir una dieta definitiva.

Y una nota sobre el cambio de alimento en sí: incluso cuando el motivo es diagnóstico, la introducción de la nueva dieta conviene hacerla con cabeza, sin provocar una diarrea que enturbie la lectura de las primeras semanas. Y cuando llegue el momento de elegir la dieta definitiva, el reverso del saco dice mucho más que el reclamo de la portada sobre qué fuentes de proteína lleva realmente.

Comprueba qué fuentes animales lleva de verdad

Cuenco lee la lista de ingredientes de cada alimento y te dice si la fuente animal está identificada por especie, si lleva porcentaje y cuántas fuentes distintas hay. No diagnostica alergias —eso es del veterinario—, pero te evita comprar una «proteína única» que lleva tres.

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Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si mi perro es alérgico a un alimento?
Solo con una dieta de eliminación de al menos ocho semanas seguida de una provocación con el alimento anterior. No hay análisis de sangre, de saliva ni de pelo validados para este diagnóstico: los test de pelo y saliva devuelven positivos incluso con muestras de pelo falso y de agua, y los de IgE sérica no distinguen entre perros alérgicos y sanos. Antes de nada conviene descartar pulgas, atopia e infecciones secundarias en consulta.
¿Cuánto dura una dieta de eliminación en perros?
Ocho semanas como mínimo. A las tres semanas solo la mitad de los perros con reacción adversa al alimento han remitido, a las cinco más del 85 % y a las ocho más del 95 %. Terminar la prueba a las tres o cuatro semanas es la razón más frecuente de que una dieta de eliminación no concluya nada, y menos de un 5 % de los perros necesita llegar hasta las trece semanas.
¿A qué son alérgicos los perros más a menudo?
Sobre 297 perros con reacción adversa cutánea confirmada, las fuentes implicadas fueron la ternera en un 34 % de los casos, los lácteos en un 17 %, el pollo en un 15 %, el trigo en un 13 % y el cordero en un 5 %. Las tres primeras son proteínas animales, así que retirar los cereales manteniendo el pollo o la ternera suele no cambiar nada.
¿Sirve un pienso hipoalergénico de supermercado?
«Hipoalergénico» no es una categoría regulada y no garantiza nada por sí misma. Además, los estudios que han analizado alimentos comerciales con PCR o ELISA encontraron ingredientes no declarados en entre un 33 % y un 83 % de los productos de «ingrediente limitado» o «proteína novel», que son precisamente los que se venden para esto. Para un diagnóstico, una dieta hidrolizada veterinaria es más fiable: de seis estudios que las evaluaron, solo uno halló un caso de posible etiquetado incorrecto.
¿Puedo hacer la dieta de eliminación con comida casera?
Se puede, y tiene la ventaja de que controlas todos los ingredientes, pero debe formularla un veterinario con formación en nutrición. Una dieta casera de dos ingredientes mantenida ocho semanas o más deja de ser completa y puede generar carencias, especialmente en cachorros. Si se opta por esta vía, la formulación y el seguimiento son parte del procedimiento, no un detalle.

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