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¿Qué dice de verdad la etiqueta del pienso de tu perro?

Guía completa para entender la etiqueta de un saco de pienso: ingredientes, categorías genéricas, análisis garantizado, aditivos y las menciones que prometen más de lo que hay.

Por Cuenco·

Un saco de pienso es uno de los productos peor leídos del supermercado. No porque la información no esté, sino porque está escrita con un vocabulario técnico que la normativa europea permite usar precisamente para no concretar. Esta guía recorre los seis bloques que lleva cualquier envase y te enseña qué mirar en cada uno.

La buena noticia: una vez sabes dónde está el truco, se ve enseguida. La mala: vas a descubrir que muchos sacos que llevas años comprando no te dicen de qué animal viene la carne.

Los seis bloques obligatorios de cualquier saco

El Reglamento (CE) 767/2009, que regula la comercialización y el uso de los piensos en toda la Unión Europea, obliga a que un envase de alimento para perros incluya siempre estos elementos:

  1. El tipo de alimento: «alimento completo» o «alimento complementario», y para qué especie y etapa.
  2. La lista de ingredientes, ordenada por peso de mayor a menor.
  3. Los componentes analíticos, que el sector llama «análisis garantizado»: cuatro cifras y poco más.
  4. Los aditivos con su función y, en varios casos, su cantidad.
  5. Las instrucciones de uso, es decir, la tabla de ración diaria.
  6. Los datos del responsable, el peso neto, el lote y la fecha de duración mínima.

Todo lo demás —fotos de filetes, banderas, sellos de «calidad premium», la palabra holístico— es marketing sin definición legal. No significa nada comprobable.

La lista de ingredientes: el orden lo es todo

Los ingredientes se enumeran en orden decreciente de peso. Lo primero que aparece es lo que más hay. Parece sencillo, y aquí es donde empiezan las dos maniobras más comunes.

Maniobra 1: el peso se cuenta con el agua dentro

El peso que determina el orden es el del ingrediente tal y como entra en la fábrica, no el que queda en la croqueta. El pollo fresco lleva alrededor de un 70 % de agua; al extrusionarlo y secarlo, ese agua desaparece. Un «pollo fresco» que encabeza la lista puede quedar reducido a una fracción de su peso inicial una vez cocinado, y acabar aportando menos materia seca que el tercer o cuarto ingrediente.

Por eso una harina de pollo deshidratada que aparece en segundo lugar puede aportar mucha más proteína animal real que un pollo fresco que aparece en el primero. No es fraude: es que la báscula se pasa antes de secar.

Maniobra 2: el desglose

Si un fabricante usa mucho maíz, el maíz encabezaría la lista y quedaría feo. La solución es partirlo: «harina de maíz», «gluten de maíz», «sémola de maíz». Cada fracción pesa menos que la carne y baja varios puestos, aunque sumadas superen a cualquier otro ingrediente. La lista es literalmente cierta y la impresión que deja es falsa.

Las categorías genéricas: el artículo 17.2.c

Este es el punto que más nos importa, y el que da sentido a la metodología de Cuenco. El artículo 17.2.c del Reglamento (CE) 767/2009 permite que un fabricante de alimentos para animales de compañía, en lugar de nombrar cada ingrediente, lo agrupe bajo una de las categorías genéricas recogidas en el Anexo VII, capítulo II.

Es perfectamente legal. También significa que puedes estar leyendo una etiqueta que no identifica ni la especie animal ni la proporción de nada.

Lo que leesLo que puede serLo que no sabes
Carnes y subproductos animalesCualquier tejido de cualquier animal terrestre autorizado, en cualquier proporciónNi la especie, ni la parte, ni el porcentaje
CerealesTrigo, maíz, arroz, cebada, sorgo o una mezcla variableCuál, cuántos y en qué cantidad
Aceites y grasasGrasa animal o aceite vegetal, indistintamenteDe qué origen
Subproductos de origen vegetalCascarillas, pulpas y residuos de la industria alimentariaCuáles y para qué
Pollo deshidratado 26 %Exactamente eso: pollo, deshidratado, un 26 %Nada. Esto es una declaración concreta
Las cuatro primeras filas son categorías genéricas del Anexo VII; la quinta es una declaración nominal con especie y porcentaje.

La diferencia práctica es enorme. Una fórmula declarada por categorías puede cambiar de composición entre lotes —según lo que esté barato ese mes— sin modificar una sola letra de la etiqueta. Una fórmula declarada con especie y porcentaje no puede.

La ley ampara la opacidad. Tu perro come eso 1.000 veces al año.

El principio del que nace Cuenco

El análisis garantizado son cuatro cifras, y faltan las importantes

En el bloque de «componentes analíticos» encontrarás casi siempre estas cuatro: proteína bruta, aceites y grasas brutos, fibra bruta y cenizas brutas (que no son ceniza de nada: es el residuo mineral tras incinerar la muestra, o sea el contenido en minerales). A veces aparece también la humedad.

Lo llamativo es lo que no está: los hidratos de carbono no se declaran. No hay obligación de imprimirlos. Y en un pienso extrusionado son con frecuencia el componente mayoritario, porque el almidón es lo que permite que la croqueta se forme y se mantenga.

El dato que puedes reconstruir tú mismo

ELN (%) = 100 − (proteína + grasa + fibra + cenizas + humedad)

ELN es el Extracto Libre de Nitrógeno: lo que queda al restar todo lo declarado. En la práctica, almidón y azúcares.

Si la humedad no está impresa (la norma no la exige cuando es baja), se aplica un valor por defecto conservador. Lo desarrollamos entero en cómo calcular el ELN paso a paso.

Y una advertencia sobre esas cuatro cifras: no se pueden comparar entre alimentos con distinta humedad. Un paté con 8 % de proteína parece muy inferior a un pienso con 24 %, pero el paté es agua en un 80 %. Al quitar el agua de los dos, la comparación puede darse la vuelta por completo.

«Completo» y «complementario» no son lo mismo

Un alimento completo está formulado para cubrir por sí solo todas las necesidades nutricionales de un perro en la etapa que indique. Puede ser su única comida.

Un alimento complementario no. Está pensado para acompañar a otro, y por sí solo puede dejar carencias. Muchas latas, snacks y toppings que la gente usa como plato principal son complementarios y lo dicen en letra pequeña. Si lo que le das a diario no pone «completo», tienes un problema silencioso.

El envase debe indicar además la etapa: crecimiento, mantenimiento adulto, o todas las etapas. Un alimento de crecimiento tiene densidad energética y minerales pensados para un cachorro, y no le conviene a un perro adulto esterilizado con tendencia a engordar.

Las menciones destacadas y sus porcentajes mínimos

Cuando un envase destaca un ingrediente —en el nombre, en la foto o en un reclamo— tiene que declarar qué proporción lleva. El código de buenas prácticas de etiquetado de FEDIAF, la federación europea del sector, fija además unos umbrales de uso que son autorregulación, no reglamento, pero que el mercado sigue mayoritariamente:

Cómo lo dice el envaseMínimo orientativo del ingrediente
«Con pollo»4 %
«Rico en pollo», «extra de pollo»14 %
«Menú de pollo», «receta de pollo»26 %
«Todo pollo», «100 % pollo»100 %, sin contar agua y aditivos
Umbrales del código de etiquetado de FEDIAF. Son compromiso sectorial, no obligación legal directa.

Traducido: un saco con un muslo de pollo enorme en la portada y la frase «con pollo» puede llevar un 4 % de pollo. Todo lo demás es otra cosa. La fotografía no es la fórmula.

Aditivos: no todos los números E son iguales

Los aditivos se rigen por el Reglamento (CE) 1831/2003 y se agrupan por función: nutricionales (vitaminas, oligoelementos), tecnológicos (conservantes, antioxidantes), organolépticos (colorantes, aromas) y zootécnicos.

Que estén autorizados significa que han pasado una evaluación de seguridad, no que sean todos equivalentes. Dos familias merecen atención:

  • Antioxidantes sintéticos: BHA (butilhidroxianisol, E320), BHT (E321) y galatos. Autorizados y en discusión toxicológica desde hace años; las gamas altas los han ido sustituyendo por tocoferoles (vitamina E) y extracto de romero.
  • Colorantes: no aportan nada nutricionalmente. Los perros no eligen la comida por el color; los compradores sí. Si una croqueta tiene tres tonos, los tres son para ti.

La tabla de ración es una recomendación, no una medida

El último bloque obligatorio son las instrucciones de uso: la tabla de gramos por peso. Es el dato que más gente sigue al pie de la letra y el que más margen de error tiene, porque está calculado para un perro medio que no existe —sin distinguir edad, esterilización, actividad real ni condición corporal.

Revisiones científicas en Europa evidencian que estas tablas inflan las raciones entre un 15 % y un 30 %. Entre el 25 % y el 40 % de los perros en España sufren sobrepeso u obesidad. Las dos cosas están relacionadas. Lo desarrollamos en cuánto pienso debe comer tu perro al día.

La checklist de siete comprobaciones

Todo lo anterior cabe en siete preguntas que puedes hacerte con el saco en la mano:

  1. ¿Pone «alimento completo» y para la etapa de vida de tu perro?
  2. ¿El primer ingrediente identifica la especie animal, o dice «carnes y subproductos animales»?
  3. ¿Hay un porcentaje junto a esa fuente animal?
  4. ¿Aparece el mismo cereal repartido en dos o tres fracciones distintas?
  5. ¿Cuánto sale el ELN al restar los componentes analíticos? (la fórmula, aquí)
  6. ¿Los antioxidantes están identificados o se esconden tras «aditivos CE»?
  7. ¿La ración de la tabla coincide con lo que tu perro necesita según su condición corporal?

Si las siete te salen bien, tienes delante un producto transparente. Si fallan las tres primeras, da igual lo bonito que sea el envase: no puedes saber qué está comiendo tu perro.

Él no puede leer la etiqueta. Tú sí.

Cuenco hace estas siete comprobaciones por ti en el pasillo del súper: escaneas el saco y te devuelve los hidratos que no vienen impresos, la ración que le toca a tu perro y una nota del 0 al 100 calculada para él. El motor es determinista y su metodología es pública.

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Preguntas frecuentes

¿Es ilegal poner «carnes y subproductos animales»?
No. Es una de las categorías genéricas que el artículo 17.2.c del Reglamento (CE) 767/2009 autoriza expresamente para alimentos de animales de compañía. Es legal y es opaco a la vez: esas dos cosas no se contradicen. Lo que puedes hacer es preferir marcas que renuncian a esa opción y declaran la especie.
¿Un pienso caro es siempre mejor que uno barato?
No necesariamente, y además el precio por kilo engaña. Un pienso poco denso obliga a servir muchos más gramos al día, así que el coste real por ración puede ser idéntico al de uno caro. Lo que sí correlaciona con la calidad es la concreción de la etiqueta: quien tiene una fórmula buena tiende a detallarla.
¿Dónde está la humedad si no aparece en la etiqueta?
La normativa no obliga a declararla cuando es baja, que es el caso de casi todos los piensos secos. Por eso, para calcular los hidratos, se aplica un valor por defecto conservador: 8 % en alimentos secos, 80 % en húmedos y 25 % en semihúmedos.
¿Sirve esta guía para la comida húmeda y las latas?
Sí, los bloques obligatorios son los mismos. La diferencia está en la humedad: en una lata ronda el 80 %, así que los componentes analíticos hay que convertirlos a materia seca antes de compararlos con un pienso. Sin ese paso, cualquier comparación entre lata y croqueta está mal hecha.

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