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Nutrición10 min de lectura

Pienso para perro mayor: qué necesita de verdad un perro senior

«Senior» no es una categoría legal ni tiene tabla de nutrientes propia. Desde qué edad es mayor un perro, cuánta energía menos necesita según FEDIAF y por qué no conviene bajarle la proteína.

Por Cuenco·

El saco «senior» promete adaptarse a tu perro mayor. Lo que no dice es que esa palabra no tiene definición legal, que no existe una tabla de nutrientes para perros mayores y que un pienso senior puede bajar justo lo que un perro mayor no debería perder: proteína.

Esta guía separa lo que está respaldado —el perro mayor gasta menos energía y pierde masa muscular— de lo que es marketing, con las cifras de FEDIAF y de las guías veterinarias de referencia.

¿Desde qué edad es mayor un perro?

No hay una edad única, y las fuentes serias lo dicen expresamente. Las guías de cuidado del perro y el gato senior de la AAHA, la asociación veterinaria norteamericana, empiezan precisamente por ahí:

No hay una edad concreta para considerarlo senior. Las guías de etapas vitales caninas de la AAHA de 2019 definen senior como el último 25 % de la esperanza de vida estimada, hasta el final de la vida.

AAHA, Senior Care Guidelines for Dogs and Cats (Dhaliwal et al., 2023) · aaha.org

Para aplicar esa regla hace falta saber cuánto vive un perro de su tamaño. El estudio más grande hasta la fecha, con más de 580.000 perros del Reino Unido, da estas medianas:

Tamaño (perros de raza)Mediana de vidaÚltimo 25 %: «senior» desde
Pequeño12,7 añosunos 9,5 años
Mediano12,5 añosunos 9,4 años
Grande11,9 añosunos 8,9 años
McMillan et al. (2024), Scientific Reports 14:531. La tercera columna es el 75 % de la mediana, aplicando la definición de la AAHA. Hay mucha variación por raza: el bulldog francés tiene una mediana de 9,8 años y el border collie, de 13,1.

FEDIAF, la federación europea cuyas guías nutricionales sigue el sector, usa otro corte en su capítulo de energía: siete años, porque es el que emplea la mayoría de los estudios. Pero añade que no debe tomarse como regla general. En la práctica, un perro de raza gigante es mayor bastante antes que un perro pequeño.

El Reglamento (CE) 767/2009, que regula el etiquetado de los piensos en la UE, no contiene la palabra. Tampoco el código de buenas prácticas de etiquetado de FEDIAF, que sólo permite indicar la etapa vital «si procede». Y las tablas de nutrientes de FEDIAF no tienen columna para perros mayores: dividen al adulto por su gasto energético, no por su edad.

Lo que sí exige el reglamento, en su artículo 13, es que cualquier alegación sea objetiva, verificable y comprensible. «Senior» cumple eso sin decir nada concreto: no obliga a ninguna composición. Dos piensos senior pueden parecerse menos entre sí que un senior y un adulto normal.

Lo que sí cambia: la energía

Esto sí está bien documentado. FEDIAF da como punto de partida estas necesidades energéticas de mantenimiento según la edad, en kilocalorías por kilo de peso metabólico y día:

Edadkcal × peso^0,75 al díaRango
1 a 2 años130125 a 140
3 a 7 años11095 a 130
Más de 7 años9580 a 120
FEDIAF, Nutritional Guidelines (2025), tabla VII-6. La propia guía avisa de que son sólo puntos de partida.

La guía lo resume así: los perros de más de siete años pueden necesitar entre un 10 y un 15 % menos de energía que entre los tres y los siete, sobre todo porque se mueven menos. Y matiza lo contrario: un perro mayor que sigue jugando y corriendo necesitará más de lo que indica la tabla.

Un ejemplo con números

Un perro de 20 kg en su peso ideal, con un pienso de 380 kcal por 100 g:

  1. Peso metabólico: 20^0,75 = 9,46
  2. Con 5 años: 110 × 9,46 = 1.040 kcal/día, unos 274 g de pienso
  3. Con 9 años: 95 × 9,46 = 898 kcal/día, unos 236 g de pienso

Casi cuarenta gramos menos al día por el mismo perro, sin que haya cambiado nada más que la edad. Si la ración se queda igual, el perro engorda. El método completo para calcular los gramos del tuyo está en cuánto pienso debe comer tu perro al día.

Lo que no debería bajar: la proteína

Este es el punto en el que más conviene fijarse. Un pienso que, para bajar calorías, reduce también la proteína va en contra de lo que necesita un perro mayor: tiende a perder masa muscular y a ganar grasa, y esa pérdida de músculo —la sarcopenia— ocurre aunque no haya ninguna enfermedad y se asocia a más morbilidad.

Las guías de la AAHA lo dicen sin rodeos:

Una dieta senior puede incluir aumentos moderados del contenido y la calidad de la proteína para compensar la pérdida de masa magra. Las mascotas sanas y los casos renales iniciales no deberían necesitar restricción de proteína.

AAHA, Senior Care Guidelines for Dogs and Cats (2023), apartado de nutrición del senior sano

Hay una razón aritmética, además de la fisiológica, y es la misma que explicamos en el artículo sobre la proteína: la necesidad de proteína es una cantidad diaria, no un porcentaje. Si el perro come menos gramos porque necesita menos calorías, cada gramo tiene que llevar más proteína para llegar a la misma cantidad. Por eso el mínimo de FEDIAF para el adulto de bajo gasto —21 g por 100 g de materia seca— es más alto que el del adulto activo.

Hay autores que van más lejos. Dorothy Laflamme, nutricionista de Nestlé Purina, propone que el perro mayor obtenga al menos el 25 % de sus calorías de la proteína y sostiene que su necesidad sube en torno a un 50 %. Son cifras de una fuente de la industria y más exigentes que las de la AAHA, que habla de aumentos moderados. La dirección, en cualquier caso, es la misma: no bajar.

El riñón: cuándo sí importa

La idea de que la proteína daña el riñón del perro mayor no está respaldada en perros sanos. En uno de los estudios que usa FEDIAF para fijar sus mínimos, perros de siete u ocho años con un riñón extirpado comieron durante cuatro años un pienso con un 18 % o con un 34 % de proteína, y la filtración renal no fue distinta entre los dos grupos (Finco et al., 1994).

Otra cosa es el perro con enfermedad renal crónica diagnosticada. Ahí la dieta renal forma parte del tratamiento a partir del estadio 2 de la clasificación IRIS, con un objetivo de fósforo en sangre que fija el veterinario. Es un tratamiento, no una prevención: IRIS no recomienda restringir el fósforo a perros sanos, y una analítica con la creatinina algo alta no basta por sí sola para diagnosticar la enfermedad.

Mantenerlo delgado: la intervención con más evidencia

El estudio más citado sobre alimentación y longevidad en perros siguió a 48 labradores emparejados durante toda su vida. Uno de cada pareja comió un 25 % menos que su compañero desde las ocho semanas de edad (Kealy et al., 2002, con los datos completos publicados por Lawler et al., 2008).

Comiendo un 25 % menosComiendo a voluntad
Condición corporal media de los 6 a los 12 años4,6 sobre 96,7 sobre 9
Mediana de vida13,0 años11,2 años
Edad mediana al empezar un tratamiento crónico12,0 años9,9 años
Lawler et al. (2008), British Journal of Nutrition 99:793-805. El estudio lo financió Nestlé Purina.

Conviene leerlo bien: el grupo de control no era un perro «normal», sino uno con sobrepeso (6,7 sobre 9). Lo que el estudio demuestra es que un perro delgado vive 1,8 años más que uno con sobrepeso, no que haya que poner a dieta a un perro que ya está en su peso. FEDIAF lo usa para recomendar una condición corporal de 4 a 5 sobre 9. Para saber dónde está el tuyo, aquí tienes la escala explicada.

Los suplementos del saco senior

Muchos piensos senior añaden ingredientes con nombre de beneficio. La evidencia de cada uno es distinta, y ninguno compensa una composición mal planteada:

  • Omega-3 de pescado (EPA y DHA) para las articulaciones: en un ensayo con 38 perros con artrosis —no necesariamente mayores—, la fuerza de apoyo mejoró un 5,6 % con un pienso enriquecido, frente al 0,4 % del control, a los 90 días (Roush et al., 2010). Es evidencia real, pero de ensayos pequeños y a corto plazo.
  • Antioxidantes para la función cognitiva: la evidencia más citada viene de beagles de laboratorio, donde una dieta con antioxidantes y un entorno enriquecido mejoraron el aprendizaje, y más aún juntos (Milgram et al., 2005). Es un modelo de laboratorio, no perros de casa.
  • Glucosamina y condroitina: si el saco las anuncia, busca cuánto lleva. Sin la cantidad no hay forma de saber si la dosis tiene sentido, y no las hemos incluido entre las de evidencia sólida.

Qué mirar en el saco, en orden

  1. Que sea un alimento completo para perros adultos. La palabra «senior» es opcional; esto no.
  2. La densidad energética: si tu perro se mueve menos, un pienso algo menos denso o una ración algo menor. Lo importante es la ración, no la etiqueta.
  3. La proteína en materia seca: compárala con la del pienso de adulto que comía. Si baja, desconfía.
  4. De dónde viene la proteína: especie animal identificada y con porcentaje, mejor que categorías genéricas.
  5. La condición corporal del perro cada mes. Es el único indicador que te dice si la ración es la correcta.

La nota de Cuenco tiene en cuenta su edad

Cuenco cruza la etiqueta del pienso con la edad, el peso y la condición corporal de tu perro, y calcula la ración con su necesidad energética real. Un mismo saco puede ser buena opción para un perro de tres años y no tanto para uno de diez.

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Preguntas frecuentes

¿A partir de qué edad un perro es senior?
No hay una edad fija. La AAHA define como senior el último 25 % de la esperanza de vida estimada, lo que para un perro de raza pequeña o mediana cae en torno a los nueve años y medio, y antes en las razas grandes y gigantes. FEDIAF usa siete años como referencia en su capítulo de energía, pero advierte que no es una regla general.
¿Tengo que cambiar a un pienso senior cuando mi perro cumpla siete años?
No necesariamente. «Senior» no es una categoría regulada y no obliga a ninguna composición. Lo que sí suele hacer falta es ajustar la ración, porque un perro mayor gasta menos energía, y vigilar que no pierda proteína ni masa muscular. Si su pienso de adulto es bueno y está en su peso, puede seguir con él ajustando los gramos.
¿Cuánto debe comer un perro mayor?
Según FEDIAF, entre un 10 y un 15 % menos de energía que entre los tres y los siete años, como punto de partida: unas 95 kcal por kilo de peso metabólico al día frente a 110. Un perro de 20 kg pasaría de unas 1.040 a unas 900 kcal diarias. La condición corporal dice si hay que corregir: si engorda, baja la ración; si pierde músculo, consulta.
¿Un perro mayor necesita menos proteína?
No, si está sano. Las guías de la AAHA recomiendan, si acaso, aumentos moderados de proteína para compensar la pérdida de masa muscular, y no restringirla en perros sanos ni en casos renales iniciales. Como come menos gramos, su pienso debería ser igual o más concentrado en proteína, no menos.
¿La proteína es mala para los riñones de un perro mayor?
En perros sanos no hay evidencia de que lo sea: incluso en perros con un riñón extirpado, una dieta con un 34 % de proteína no empeoró la función renal frente a una del 18 % en cuatro años. Si tu perro tiene una enfermedad renal crónica diagnosticada, la dieta forma parte del tratamiento y la decide el veterinario con sus analíticas.

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